Enorme acogida de la conferencia "Puertas que cruzaron Jesús y las mujeres", de la profesora Mariola López Villanueva

Enorme acogida de la conferencia "Puertas que cruzaron Jesús y las mujeres", de la profesora Mariola López Villanueva

05/03/2018

Mariola López Villanueva rscj, profesora de Patrología en la Facultad de Teología de Granada, impartió el lunes 5 de marzo la segunda conferencia del ciclo “Un acercamiento a la teología feminista”, con el título “Puertas que cruzaron Jesús y las mujeres”. La conferencia despertó un gran interés, llenándose muy pronto el Saĺon de Grados. Las intervenciones finales agradecieron enormemente el punto de vista con que la conferenciante enfocó el tema.

RESUMEN DE LA CONFERENCIA

Introduce la conferencia el profesor Serafín Béjar. Mariola López Villanueva es profesora de la Facultad de Teología, de Patrística, Mariología y teología espiritual. Estudió teología bíblica en la licenciatura pero en la tesis, dirigida por Javier Melloni SJ, se especializó en teología espiritual, estudiando a Madeleine Delbrêl.

MLopez2018

Introducción

Comienza la profesora López Villanueva agradeciendo la invitación a participar en este ciclo. Hace unas semanas preparó unos ejercicios y decidió prepararlos sólo con relatos de mujeres. Usó el libro “Mujeres de ojos grandes”, de Ángeles Mastretta, ahondando en los encuentros verdaderos. Mientras profundizaba esos personajes descubrió cuatro llamadas que se nos dan a cada uno hacia la vida adulta: 1) a la identidad; 2) a la intimidad; 3) a la generatividad (generar vida, cuidar de otros) ; y 4) a la integridad.

Le emocionó descubrir que estas llamadas se dan en los evangelios como proceso de ahondamiento y maduración. Trae el testimonio de una mujer judía, Etty Hillesum, que escribe en su diario en 1942 “... voy a ayudarte, Dios mío, a no apagarte en mí … No eres tú quien puede ayudarnos, sino nosotros quienes podemos ayudarte a ti... Quizás también nosotros podamos sacarte a ti a la luz en los corazones de los seres devastados”, la hizo entender cómo se ayudaron mutuamente Jesús y las mujeres. En esta conferencia quiere poner el acento no tanto en lo que Jesús les dio sino en lo que Jesús aprendió de su relación con ellas, lo que descubrió del reino a través de la dimensión femenina.

Tenemos mucho que aprender de estas mujeres que siguieron a Jesús, lo acompañaron, subieron a Jerususalén, hicieron disponibles sus bienes para él. Esas puertas se nos ofrecen también a nosotros para nuestro aprendizaje vital, y hoy quiere destacar las siguientes:

Puertas 1 y 2, de la corporalidad y del contacto

Llama la atención la importancia que cobra el cuerpo, a través del cual se despliega nuestra vida, única forma de experimentar lo humano. El cuerpo de las mujeres es lugar de Dios, pero también para ellas el lugar por donde pasaba su discriminación, donde se marcaba su invisibilidad, por ejemplo, no se circuncidaban para reflejar la alianza a Dios como hacían los hombre y con el ciclo menstrual se hacían impuras y quedaban marginadas. Hasta San Ignacio (EE 325) refleja que está imbuido en la cultura de su tiempo con la expresión “el enemigo se hace como mujer”. Pero para Jesús no era así, pues siempre que es tocado, ungido, bendecido, es una mujer quien lo hace.

Las mujeres llevamos en el cuerpo un espacio adecuado para que la vida nos habite. Una capacidad de llevar, liberar y nutrir la vida. Todos hemos existido porque una mujer nos acogió en su cuerpo. Las mujeres tuvieron un acceso único al cuerpo de Jesús, se atrevieron a tocarlo. Jesús agradece a la mujer que le unge y lava sus pies con sus cabellos. El sentido del tacto es lo primero que sentimos al nacer y lo último que nos deja al morir. El contacto es sinónimo de calor, afecto, presencia, reconocimiento, seguridad. Una mujer que lleva 12 años sin tocar ni ser tocada, ha sufrido muchísimo, sometida a la impureza por sus constantes hemorragias. Esa condición la aparta de la relación con Dios, no puede ir a la sinagoga, y de los otros. Hay en ella un deseo incesante de ser incluida. La mujer rompe un tabú. Las mujeres en los evangelios corren riesgos para acercarse a Jesús. El texto del evangelio que lo describe no acaba cuando toca el manto de Jesús, pues la sanación no acaba en lo físico, sino que tenía que volver a incluirse en el vínculo de relaciones, por eso Jesús la busca y pregunta “¿quién me ha tocado?”. La mujer ha transmitido su deseo de vivir y Jesús le remite a ella: “hija, tu confianza, tu fe, te ha curado”. Es a la única mujer a la que llama hija, pues era la que estaba más apartada.

Jesús, al dejarse tocar, anula los códigos de su tiempo y proclama que el cuerpo es lugar de sanación. El único recurso de Jesús es también su propio cuerpo antes de ser arrestado, igual que las mujeres. Jesús lo entrega por completo. Ellas cuidaron el cuerpo de Jesús desde el principio hasta el final de su vida. Las mujeres muestran que es el cuidado del cuerpo de otro lo que enseña nuestra relación con Dios, donde Dios se nos hace presente.

Puertas 3 y 4, de la receptividad y la donación

El tiempo transcurrido desde Galilea a Jerusalén es el tiempo de donar la vida. Estamos acostumbrados a mirar a Jesús dando, pero también necesitó recibir. De ellas toma imágenes para hablar del reino: la que pone la levadura en la masa, la que busca la moneda... Las mujeres abren en nosotros la receptividad. Esta, junto con la profundidad y apertura son dimensiones femeninas. La vida en el vientre materno es pura receptividad. De esto depende nuestro desarrollo. La mujer de Tiro, pagana y anónima, le pide que cure a su hija, cuando no se podía acercar a un judío por ser mujer, pagana y extranjera. Jesús le responde poniendo límites. Y necesita hacer un proceso de apertura en su interior, ante la respuesta de ella. La mujer lo reconoce, lo llama Señor, primera mujer que lo hace en el evangelio de Marcos. Y Jesús cura a la hija y reconoce la fe de la mujer pagana y entiende que hay que abrirse a la universalidad. Emociona saber los medios de los que se vale Dios para que Jesús aprenda, no lo hace con un rabino sino a través de una mujer extranjera y pagana. Le gusta a ella llamar al pasaje “la conversión de Jesús” por ese aprendizaje fuerte. Otra mujer le descubre el don de la generosidad, en un gesto que pasa desapercibido para muchas miradas, pero que Jesús ensalza y alaba. Es la mujer que en el tempo da un óbolo y Jesús invita a sus discípulos a mirarla. Jesús descubre el comportamiento de alguien que lo espera todo de Dios, todo lo contrario a controlar, a reservarse lo que tiene, confía en la bondad providente de Dios. Etti Hillesum, en su deportación pedía no sentir odio hacia ningún alemán y al final cruzó la puerta de la donación, terminando su diario diciendo: “he partido mi pan y me he repartido entre los hombres, pues venían de largos sufrimientos”. Las mujeres nos enseñan a pasar de nuestras manos aferrantes a confiar en Dios y crecer en humanidad.

Puertas 5 y 6, de la amistad y del agradecimiento

Las recorremos a través de Marta y María de Betania. Betania significa “casa de los pobres”. Para Jesús es una casa de intimidad y descubrimiento. Busca en esa casa ser acogido. Allí va a dejarse querer, a recibir, busca calidez y presencia. La muerte de Lázaro es una bendición disfrazada para los cuatro, han crecido en vínculo al atravesar una situación de dolor juntos. Quieren agradecer a Jesús su alegría por la vuelta a la vida de Lázaro y lo expresan con un banquete y ungiendo los pies. Jesús dejó reflectir en su vida mucho de lo que estas mujeres hicieron con Él. Jesús se identifica con Marta, cuando dice a los discípulos: “yo estoy entre vosotros como el que sirve”. El servicio es la entrega, lo que la vida da de sí si la vivimos en profundidad. Marta ha madurado, no se compara con María. Ningún discípulo tiene esos gestos de ellas con Jesús. Jesús se deja hacer, cuando María le unge con sus manos. Gesto que Judas reprobó. Siempre hay juicio en los encuentros de Jesús con las mujeres, pero Jesús los enfrenta con libertad. Los perfumes y aromas de las mujeres estuvieron muy presentes en la vida de Jesús. El perfume derramado sobre la piel sana es belleza y celebración, sobre piel herida, es ungüento y bálsamo que alivia. No podemos hacer el viaje de nuestra vida sin las tres pes: perdón, pan y perfume. El perfume simboliza la dimensión gratuita de nuestra vida. El perfume humaniza la vida. Jesús defiende a María ante Judas y pone de relieve el contraste, el modo femenino de aproximarse, que es el modo que usa también Jesús para acercarse a nosotros, sin juzgar.

Marta y María ofrecen a Jesús el espacio del que disponen en sus vidas. Judas critica con lo que más le duele a Jesús: los pobres. Pero Jesús se muestra sumamente vulnerable reconociendo que el pobre ahora es Él. Ellas no pueden evitar lo que pasará, pero sus gestos humanizan la vida. Por eso Jesús lo recibe, agradece, lo necesita. Ellas se abren a Jesús. Ahí encuentra Jesús la estabilidad y el ánimo para poder entregarse. Aunque no puedan hacer nada por cambiarlo, lo importante es la presencia. Expresan su amistad y hacen con Jesús lo que luego Él hará con sus discípulos, servir la mesa y lavarle los pies. Ellas no hablan, eso impresiona, hay momentos en los que las palabras no dicen nada. Hoy en día hay que recuperar los gestos que humanicen la vida, el Papa Francisco lo sabe bien. San Ignacio lo expresaba diciendo “Más en las obras que en las palabras”.

Ellas cruzan la puerta del agradecimiento, que es tomar con alegría y con amor, felices de tejer intercambios compasivos. Nos ayudan a despertar nuestra sensibilidad y a compartir nuestra ánima, que hombres y mujeres tenemos. Todos estamos necesitados de sacar a la luz ese caudal de ánima. Ellas continúan convocándonos a seguir a Jeśus de Nazaret, que pertenece a los que no tienen a nadie, y nos enseñan cómo servirle, con toda nuestra corporalidad. Jesús aprendió en su propia vida de la relación con estas mujeres, no de un rabino ni maestro de la Ley, sino de Marta y María o de la cananea cuando dice “este es mi cuerpo que se entrega por todos”. Jesús aprende de las mujeres el modo de proceder de Dios.

Puerta 7

En la Biblia, hay que llegar al 7, símbolo de plenitud. Esta puerta no tiene nombre. Es la puerta que cada uno de nosotros somos invitados a abrir en este momento de nuestra vida. Al cruzarla no podemos pasar con nada, sólo con nuestra persona. Por eso, necesitamos soltar, despojarnos de cosas en la vida. Jesús dice “yo soy la puerta”, también muchas mujeres se convirtieron en puertas hacia la vida. Debemos aprender de las mujeres del evangelio a cruzar las puertas de nuestra vida y agradecer a tantas mujeres que nos han ayudado a cruzar puertas, en esta semana en la que celebramos el jueves el día de la mujer trabajadora.

Quiere terminar con una texto, dedicado en especial a un grupo de estudiantes mujeres que han venido a la conferencia: “he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar” (Ap 3,8).

Turno de preguntas

Tras terminar su intervención, el profesor Béjar abre un turno de preguntas:

P. Al comienzo me ha llegado muy adentro una frase: “siempre que hay un encuentro entre personas se produce transformaciones”. ¿Puede dar alguna pincelada sobre la samaritana y la mujer adúltera? Le ha maravillado toda la exposición sobre el resto de mujeres. R. La mujer samaritana, que sólo recoge Juan, está bloqueada socialmente, por eso va a coger agua a una hora de calor a la que no va nadie. El modo, delicadeza, pedagogía que muestra Jesús hace desbloquear la fuente, haciéndola sentir valiosa, pidiéndole agua. Luego le hace descubrir el pozo que hay en ella y también la ayuda a descubrir su verdad. También destaca cómo cuando la fuente está abierta, la vida liberada, ella quiere salir a comunicar a otros, con ganas de que otros lo puedan gustar y descubrir.

P. Agracece como mujer el enfoque, que la ha hecho sentir muy bien. ¿Cómo Jesús, si estuviera aquí hoy en la Iglesia, trataría a las mujeres? Q. Muchos compañeros hoy escuchan y tratan de hacer lo que Jesús haría y escuchan de verdad a las mujeres.

P. Nunca la había escuchado y le ha impactado ver qué buena docente es. Pero ha echado en falta la puerta de la resurrección, de la integración real, que hizo en Betania. R. Esa escena la he trabajado pero no ha querido elegirla, pues he usado puertas que vinculan nuestra trama humana, que nos ayudan a cruzar la puerta de la Pascua, pero la definitiva no he querido sacarla.

P. Me he quedado con la última frase ·”he abierto ante ti una puerta que nadie debe cerrar”. ¿Hasta qué punto hay que interpretar la puerta como signo profético o lugar teológico en un mundo donde sólo se cierran puertas? R. En este mundo necesitado de acogida, en el que millones de seres humanos buscan hogar, y en Europa no abrimos las puertas, nosotros en el encuentro con Jesús creemos que abrimos la puerta pero son otros los que nos ayudan a pasar al otro lado.

P. Gracias al enfoque que le has dado, he caído en la cuenta de la humanidad de Jesús y de su necesidad de cariño, y se lo agradece mucho.

P. A parte de felicitarle, pregunta sobre los perfume negativos (ej. Lázaro olía mal). ¿Despiertan reacciones humanas de defensa, de reconocimiento del mal, de la muerte, …? Con respecto al tacto, a Jesús le toca una mujer pero también le dice “no me toques” una vez resucitado. ¿Cómo se relaciona con esto la idea de no tocar el cuerpo de Cristo durante siglos al comulgar? ¿Qué sentido tiene todo esto para Vd.? Q. El perfume “bueno” es precisamente un lugar para los lugares donde huele mal. Jesús nace en un lugar que huele mal, y ahí está el perfume del evangelio, pues son los que necesitan del buen perfume. En cuanto a lo de no me toques, es una mala traducción, lo que dice en griego es “deja ya de abrazarme”, significando que hay que aprender a soltar. Ahí se hace el aprendizaje de la vida. Nuestra vida es aprender a soltar.

P. Le ha encantado la conferencia, bellísima. Con lo del perfume le ha aclarado mucho. Lanza una propuesta: en España hay un sitio donde huele muy mal: la política, los cristianos estamos obligados a llevar mejor perfume allí.